10.15.2013

Taller de yoga, la crónica de un encuentro mágico (por Geli López)

¡Cuanto disfrutamos el pasado sábado en el encuentro de yoga en familia bajo el árbol de los chupetes. Hasta última hora sin saber si tendríamos que suspenderlo por motivos personales de Lula, la profe. Pero al final, gracias a su generosidad pudimos desarrollar la actividad que teníamos planteada. La profe, Lula, de Seyoga, estuvo inmejorable, la climatología nos acompañó en esta ocasión. Un día perfecto, ni frio, ni calor, con una ligera brisa que hacía que todo fluyera aún mejor bajo nuestro arbolito.

La clase se desarrolló, como no podía ser de otra manera tratándose de alumnos pequeñines, de una manera lúdica; haciendonos ver la importancia de la respiración consciente, cada participante agarró una hoja de las tantas que había caidas en el suelo y nuestra profe nos animó a soplarla de manera que las hojas que sujetábamos vibraban y nos recordaba a la Vida, siempre en movimiento; Lula iba haciendo preguntas que los niños y niñas contestaban con la naturalidad y sabiduría ancestral que les caracteriza y entre todos fuimos comprendiendo las cosas realmente importantes de la vida... El corazón, órgano motor, por un rato retumbó como un tambor y lo acompasamos con la tierra (haciendo compás y sintiendo su latir); también nos hizo sentir la importancia del arraigo a la tierra, andando descalzos sobre el cesped y escuchando su "latido" con todas las cabezas y cabecitas pegadas al suelo. Hicimos asanas (posturas) relacionadas con el suelo y el cielo, sin ni siquiera saber que las estábamos haciendo, sintiendo nuestro corazón y y lanzando proyecciones de vida en ambos sentidos...

La sesión fué llegando a su fin uniendo las manos de grandes y pequeños, creando un gran círculo de energía humana, un mandala. En este mandala humano pudimos comprobar la importancia de sentirse parte de un todo, de ayudar, de compartir y sentir una vez más la energía que nos proporcionan las asanas hechas con el alma, el corazón y la respiración consciente.

Cargados de buena energía que expresamos con una aplauso y unas grandes sonrisas, Lula terminó abrazada por un montón de pequeños que le daban así las gracias por todo.

Una vez terminado el taller, niños y mayores colgaron de las ramas de nuestro árbol su chupe-acreditación, un montón de chupetes cedidos por Tutete para la ocasión. 

¡Qué alegría nos dio cuando vimos a Abril, la pequeña de Karina, diciendo adios a su amigo, colgándolo del árbol, convirtiédose en con este acto en una niña un poquito más mayor.

Gracias a Lula por haberse prestado a conducirnos, a la gente de Tutete por sus chupetes y a todos los que nos acompañásteis y disfrutásteis de este encuentro mágico. A todos vosotros por haber hecho posible este encuentro mágico y maravilloso.

Podéis ver todas las fotos aquí 

(Gracias a Geli López por esta estupenda crónica)